A pesar de los prejuicios (y las portadas recientes de los diarios), el periodismo puede brindarnos las más cercanas, emocionantes y elocuentes historias personales. Me refiero a esas historias sobre aspectos a veces privados, íntimos, pero que se muestran con un manejo periodístico intachable. Esto implica un respeto básico por las fuentes entrevistadas; también, por supuesto, trascendencia e importancia social. Además: cuando el periodismo está muy bien logrado, produce belleza y goce estético. Por qué no.
Esta reflexión surge a propósito de Los suicidas del fin del mundo, un excelente libro de Leila Guerriero. Esta periodista argentina -que trabaja como reportera en
El relato es profundamente perturbador: jóvenes que se cuelgan en postes de calles, que se disparan, que se encierran en sus piezas o buscan lugares apartados en momentos imperceptibles para sus familiares. Y se matan, aparentemente sin razón. En el libro se reconstruyen las peripecias de esta periodista (que aparece en primera persona), que averigua entre quienes los conocieron, que vuelve a pisar esas calles, que pregunta, urguetea y busca, sobre todo, una explicación, un sentido para todos esos suicidios.
Si nos alejamos un poco del argumento central, el protagonista del libro es Las Heras, un pueblo que ni siquiera aparece en los mapas. Con un nivel de actividad laboral que históricamente se ha sustentado en la producción petrolera de YPF (y la cesantía consecuente, a partir de la privatización de esa compañía), este lugar parece no tener ningún atractivo. No hay cines, lugares de reunión, casi no hay Internet ni deseos de pertenencia... La identidad del lugar es casi inasible; lo único que permanece es un viento frío, incómodo, que azota sin piedad. Ese pueblo, ese "fin de mundo", es elocuente por todo lo que no es: un lugar con futuro.Es fuerte darse cuenta que hay lugares así, a estas alturas. Todo relato, toda historia habla también sobre aquello que no muestra, sobre lo que deja afuera (el famoso fuera de cuadro de la pintura o del cine): Los suicidas del fin del mundo habla, así, sobre los pueblos y ciudades más cercanos al centro del mundo, de la información, del conocimiento. Habla sobre privilegios y marginaciones.
Tuve la suerte de asistir a un almuerzo con esta periodista en



Felicitaciones por la apertura del blog!
A ver cómo se puede hacer de ese periodismo también por esta vía.... aquí muchas veces se muestra lo que queda "fuera de cuadro" en el papel..
cote
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María José Onetto